«Patria Olvidada», el «best seller» del magistrado Manuel Ruiz de Lara que ha conquistado el boca a boca sobre una realidad que se parece mucho a la nuestra

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«Patria Olvidada» es el título del «thriller» jurídico-político-policial del que es autor el magistrado del Juzgado de lo Mercantil 11 de Madrid, Manuel Ruiz de Lara, es el nombre de la operación que uno de los protagonistas, el juez Martín Zaragoza, titular del Juzgado Central de Instrucción 5 de la Audiencia Nacional, está investigando.

¿De qué trata? Del dinero que el Rey Emérito tiene en bancos extranjeros. Comienza con un asesinato, en forma de atentado terrorista, en pleno centro de Madrid: el de Corinna. Justo minutos antes de llegar a la Audiencia Nacional para «cantar» todo.

¿Le suena la música, apreciado lector? Pues va de esto, y de mucho más. Porque al mismo tiempo es una radiografía de la realidad judicial y política de España, y de Francia, en la que se dibuja la trastienda del poder a lo largo de varias tramas que protagonizan jueces de instrucción, fiscales, políticos sin escrúpulos y poderosos empresarios, que no son lo que parecen.

Ruiz de Lara agotó la primera edición. Su editorial, cajondesastre, ya va por la segunda.

En una noticia que publiqué sobre el libro, el pasado mes de diciembre, la describía como un «thriller» con hechuras de «best seller». No me equivoqué.

De ahí que la consecuencia sea esta entrevista que, aunque larga –ya lo aviso– es muy interesante. Porque Ruiz de Lara, además de ser un buen escritor es un buen conversador.

Tengo que reconocer que su libro me ha sorprendido. Hay pocos magistrados novelistas. ¿Ha sido una necesidad o se ha encontrado de bruces con la idea? 

«Patria Olvidada» es, en parte, un desahogo y una necesidad de sacar fuera, de dar a conocer a la gente los entresijos y maniobras que desde que me incorporé a la carrera judicial he ido viviendo.

Es un grito descarnado y transparente que trata de reflejar la realidad, esa lucha entre una mayoría de jueces que preservan la independencia judicial y una minoría que sólo ansía el alto cargo, está dispuesta a prestarse a juegos de poder, a cadenas de favores y a aproximarse al político. 

También «Patria Olvidada» en el plano personal y sentimental es un grito en torno a las experiencias vividas, a las heridas y triunfos y contiene una contraposición entre el amor verdadero y la crítica hacia el puro capricho y a esa parte de la sociedad que mercantiliza las relaciones personales, provocando o simulando acercamientos para satisfacer meras ambiciones e intereses personales.

Ahí los personajes de Juliette Chirac, la juez de enlace francesa, Julia Sánchez, la abogada del intrigante atentado terrorista y Alicia Hierro, la magistrada instructora del atentado del restaurante Quintín (personajes absolutamente reales en la vida del autor) giran en torno a la vida del protagonista (el magistrado Martín Zaragoza) convulsionando la misma. 

«Patria Olvidada» enlaza la vida de esos personajes y muestra como sus decisiones, ambiciones y arrepentimientos finales provocan un tsunami entre ellos que les cambia la vida para siempre. En un desenlace inesperado, trepidante y conmovedor que detrás de su simbolismo responde fielmente a la realidad y a la vida del autor.

Es usted consciente de en “Patria Olvidada” ha construido un universo paralelo al nuestro, con muchos de los mismos personajes, ¿verdad?

Sí, aunque ese universo paralelo se aproxima vertiginosamente a la realidad que vivimos. Las acciones de personajes como el ambicioso ministro del Interior Grande Marlanda, que deambula entre la derecha y finalmente la izquierda política para ascender en su carrera profesional y termina convirtiéndose en un político autoritario que traiciona los principios y se presta a juegos de poder, cesando al coronel Castellá, reflejan en ese universo paralelo los movimientos de quienes perdieron su identidad y principios para alcanzar el alto cargo.

Ese universo paralelo predice o muestra otras realidades. La novela está escrita entre marzo y junio del año pasado, pero ya anticipaba las propuestas para cambiar las mayorías necesarias para renovar el CGPJ y para atribuir la instrucción al ministerio fiscal sin dotarle de independencia o para incluso cambiar el sistema de acceso a la carrera judicial.

Esas propuestas ya en marcha son accionadas por personajes como el ministro Prados, el vicepresidente Raúl Iglesias desde la política.

Y además cuentan con la colaboración del presidente del Tribunal Supremo Carlos Mestres, la magistrada de la Sala Quinta Clara Marín y su marido Cándido Martínez (un ambicioso fiscal muy cercano al Partido Socialista) o la fiscal general del Estado María Delgado.

Estos últimos van moviendo sus hilos de poder a través de informes para facilitar la aprobación de esas leyes, facilitando información privilegiada a cargos políticos, nombramientos o votos en el Consejo General del Poder Judicial con el único objetivo de tejer una cadena de favores con el político para que éste después les recompense o influya favorablemente en sus respectivos futuros cargos profesionales. 

«Cuesta años y décadas construir un régimen de libertades y se tardan sólo semanas o meses en derribarlo bajo el arma del miedo y la seguridad como valor absoluto»

Su libro, un thriller en el sentido clásico del término, muestra los últimos acontecimientos y decisiones que se han tomado en el año de pandemia y que, para todos nosotros, han pasado desapercibidas. Sinceramente, las consecuencias de lo que se ha decidido, dan miedo… 

Ahí «Patria Olvidada» lanza un grito de aviso y de alerta a la población, en la convicción del autor de que se está degradando la democracia y el Estado de Derecho. La pandemia hace descubrir al político carente de principios, que el miedo es un instrumento esencial y efectivo para controlar a la población y los resortes del poder.

Bajo esa “guerra” contra un virus que es real y bajo proclamas insustanciales como “la moral de victoria”, el presidente del Gobierno “Sánchez Castellón”, termina promoviendo una serie de leyes que limitan de manera desproporcionada e injustificada, los derechos de la ciudadanía y cuestionan las libertades fundamentales.

Son parte de «Patria Olvidada» el pasaporte sanitario, el control de las comunicaciones o la localización de los ciudadanos, las reformas que atentan contra la independencia del Poder Judicial que se imponen bajo el pretexto de la “seguridad” y esconden un deseo del Presidente Sánchez Castellón y del vicepresidente Raúl Iglesias de incrementar su poder y hacer girar el Estado de Derecho hacia una mera fachada formal bajo la que se esconda una democracia intervenida y un régimen muy lejano al de la Constitución del 78.

Buena parte de los acontecimientos tienen lugar en los pasillos del poder. Comienza con la investigación que uno de los magistrados de la Audiencia Nacional lleva a cabo sobre el dinero que el Rey Emérito tiene en paraísos fiscales. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

Se suele decir que la literatura, que la ficción, es la manera más eficaz de contar la verdad. ¿Comparte usted esa idea?

Sin lugar a dudas, pero además en «Patria Olvidada» la ficción termina fusionándose con la realidad, de forma que el devenir de los acontecimientos en la vida real hace pensar al lector si «Patria Olvidada» en algún momento deja de ser ficción y termina convirtiéndose en parte en una crónica histórica de los tiempos que vivimos.

Muestra a una población presa del miedo, que poco a poco empieza a salir del aletargamiento en el que vive aceptando cualquier restricción de libertades por desproporcionada que sea.

«Patria Olvidada» trata de llamar la atención sobre un cambio de valores en la sociedad, en la que la seguridad pasa a ser un valor esencial y el estado y el poder afirman que deben preservar la vida y la salud sobre cualquier otra consideración sin límite (ni en las formas ni en el fondo) en torno a las medidas que se puedan utilizar para ello.

Bajo ese propósito loable, de proteger a los ciudadanos, se esconden oscuros deseos de poder y control, la pandemia acaba convirtiéndose en un experimento que hace dejar la mayor enseñanza: Cuesta años y décadas construir un régimen de libertades y se tardan sólo semanas o meses en derribarlo bajo el arma del miedo y la seguridad como valor absoluto.

Su libro comienza con un asesinato, el de la princesa Corina, la amiga del Rey Emérito, en el centro de Madrid, cuando se dirige a declarar ante uno de los magistrados de la Audiencia Nacional. A partir de ahí su relato se convierte en una montaña rusa. ¿Dónde aprendió usted el oficio de novelista de Best Seller?

La novela empieza con un atentado terrorista en Quintín de corte islamista justo al paso de la Princesa Corinna cuando va a declarar a la Audiencia Nacional en la causa (denominada “Patria Olvidada”) que instruye el magistrado Martín Zaragoza y en la que se investigan determinadas transacciones y comisiones en las que podría estar implicado el Rey Emérito. Es el testimonio clave que espera Martín Zaragoza y justo minutos previos a su declaración explota el restaurante Quintín de Jorge Juan, en un atentado terrorista en el que nada es lo que parece.

El oficio de novelista se facilita por las experiencias vividas en la carrera y es que la instrucción del atentado le corresponde a la magistrada Alicia Hierro, que mantiene una relación fría con Martín Zaragoza, un muro inquebrantable de hielo les separa hasta el punto de que no se hablan y una herida emocional del pasado late entre ellos.

Alicia representa la ambición personal y profesional, quiere ser vocal del Consejo General del Poder Judicial y sabe que para ello necesita el apoyo del Ministro Prados y termina realizando una instrucción sesgada y parcial, convenciéndose de que la única línea de investigación que debe seguir es aquella que es más acorde con el gusto del Gobierno.

El devenir de la novela arrasará con las vidas de ambos personajes para bien o para mal. Quizás en la realidad ni Martín Zaragoza, ni Juliette Chirac, ni Alicia Hierro estén en la Audiencia Nacional ni en la jurisdicción penal, quizás en otra jurisdicción, quizás fuera de la carrera judicial, pero la historia que narra «Patria Olvidada» es muy cercana a la realidad.

En su novela describe las pasarelas entre la política y el alto mando de los jueces, materializado en el Consejo General del Poder Judicial. ¿Son así? Porque si son así no son pasarelas, son autovías…

«Patria Olvidada» rompe con esa proclama de “jueces progresistas o jueces conservadores”. Yo no creo que, al margen de la forma de pensar de cada uno, los haya o sobre todo no creo que les mueva la ideología sino más bien lo que hay es una minoría de jueces que maniobran para alcanzar el poder, tejer cadenas de favores con nombramientos de altos cargos no ajustados a la objetividad ni al mayor mérito o capacidad o hacer favores al político mediante las decisiones que tomen en determinados órganos como el Consejo General del Poder Judicial.

Recientemente hemos asistido a un episodio real bastante significativo, como cinco vocales del CGPJ (Mozo, Martínez de Careaga, Sepúlveda, Cuesta, Sáez) realizan un voto particular acusando al resto de vocales de deslealtad y de invadir competencias del Parlamento por el simple hecho de solicitar respetuosamente que la mesa del Congreso pida informe al CGPJ sobre la reforma que pretende limitar las competencias del CGPJ cuando esté en funciones, simplemente por pedir que se cumpla con las exigencias de la Unión Europea.

¿Qué se esconde detrás de ese voto particular que parece más bien redactado desde el Ministerio de Justicia y coincide plenamente con el parecer de la mesa del Congreso de los Diputados?

Pues probablemente un nuevo favor para preparar sus respectivas salidas profesionales, al fin y al cabo, llegaron al cargo mediante una farsa política fruto del padrinazgo y son fieles a aquellos que les han nombrado. El honor y los principios desaparecieron hace tiempo para ellos

En «Patria Olvidada» emergen dos tipos de jueces y de fiscales, los que juegan a hacer carrera política y los que son fieles a su oficio. Algunos de los primeros no salen muy bien parados, precisamente.

Efectivamente por ejemplo la fiscal general del Estado en «Patria Olvidada» María Delgado. Una fiscal ambiciosa que desde la UPF reivindicó reformas en la justicia y termina convirtiéndose en ministra de Justicia para posteriormente sin solución de continuidad pasar a ser Fiscal General del Estado.

Representa el perfil de política togada que no duda en aproximarse al Partido Socialista para ascender profesionalmente. Cuenta con importantes padrinazgos como el teniente fiscal Cándido Martínez o la magistrada de la Sala V Clara Marín o sobre todo su pareja sentimental Baltasar Rial, un siniestro ex juez condenado por prevaricación, que mantiene notables influencias en el sector de Podemos y del Partido Socialista y que terminará teniendo una papel crucial y muy relevante en «Patria Olvidada» .

Todos ellos representan ese perfil de esa minoría de jueces y fiscales, a los que no les importa nada, más allá de su ascenso profesional, aunque sea a costa de degradar las instituciones o la apariencia de imparcialidad de la fiscalía. Les da igual todo, sólo trepar y cultivar esos favores que se retroalimentan condicionando sus decisiones.

«El presidente del Tribunal Supremo en ‘Patria Olvidada’ es Carlos Mestres. Los parecidos con la realidad pueden ser muy razonables. Se trata de un magistrado en su origen idealista, pero al que sus deseos de poder, ambiciones y soberbia le van cambiando y terminan convirtiéndole en alguien sin identidad»

No le voy a preguntar sobre cómo ha construido a buena parte de sus personajes. Muchos son los mismos, que conocemos muy bien usted y yo. Aparecen con sus nombres o con nombres cambiados. Por ejemplo, el actual presidente del Consejo General del Poder Judicial. Y no sale nada bien parado. ¿Por qué?

El presidente del Tribunal Supremo en «Patria Olvidada» es Carlos Mestres. Los parecidos con la realidad pueden ser muy razonables. Se trata de un magistrado en su origen idealista, pero al que sus deseos de poder, ambiciones y soberbia le van cambiando y terminan convirtiéndole en alguien sin identidad.

En «Patria Olvidada» Carlos Mestres no duda en pegarse a la derecha, defendiendo la elección parlamentaria del CGPJ (cocinada por él y otros magistrados a modo de farsa política a gusto del anterior gobierno que le permite llegar a presidente del Consejo General del Poder Judicial).

A partir de ahí condiciona decisiones del CGPJ o favorece el nombramiento de amigos para altos cargos como los personajes de “Felipe Román” o de “Esperanza Sevilla Verde”.

Particular caso el de ésta última que junto a otros personajes como los promotores disciplinarios de «Patria Olvidada»,  “Antonio Fontana Hierro” o “Jorge Serra” se prestan a cocinar un surrealista expediente disciplinario contra el magistrado Martín Zaragoza y el portavoz de la plataforma por la independencia judicial como represalia por la labor de denuncia sobre las maniobras que ésta realiza.

En ese universo paralelo el expediente termina en un archivo y en un notorio ridículo para la institución, evidenciando la soberbia del presidente Carlos Mestres. 

O como la directora del CNI, una conocida magistrada podemita…

El personaje de Vicky Magán en «Patria Olvidada» es esencial. Es una magistrada ambiciosa, fuertemente ideologizada y que hace carrera política al albur del grupo parlamentario de Unidas Podemos.

Su sonrisa ensayada esconde una ambición desmedida por escalar en el poder a cualquier precio, no duda incluso en utilizar el Ministerio de Igualdad como plataforma mediática para atacar y cuestionar a jueces cuyas resoluciones comprometen a altos cargos de Podemos.

Va ganando peso en Podemos de la mano de la Ministra de Igualdad, hasta convertirse en uno de los cargos de plena confianza del líder de la formación morada y alcanza la Secretaría General del CNI, en un nombramiento al que cede el presidente Sánchez Castellón y que le viene impuesto con desagrado a la Ministra de Defensa Robles.

A partir de ahí Magán maniobra con los informes del servicio de inteligencia, pero se topa con un agente del CNI valiente y que se niega a seguir sus instrucciones.

La inspectora López, una atractiva e intrépida mujer que se enfrentará sin complejos a Magán y sufrirá sus represalias pero que terminará dinamitando el desenlace de «Patria Olvidada».

López y Magán constituyen los dos personajes ocultos de «Patria Olvidada», la antítesis entre los principios y la ambición y su figura crece en protagonismo a medida que avanza la novela. 

El autor de «Patria Olvidada» posando ante el XXXX, un restaurante francés en pleno centro de Madrid, donde tienen lugar algunos de los acontecimientos. Foto: Carlos Berbell/Confilegal.

En su novela usted también desnuda la llamada razón de estado, mostrando que, en realidad es un conjunto de intereses particulares de determinados políticos

Sin duda porque no detrás de sus acciones no se sostiene “ninguna razón de estado”, sino más bien un deseo de ambicionar cargos profesionales y hacer crecer sus respectivas carreras profesionales.

Un caso paradigmático es el del presidente Carlos Mestres que maniobra para facilitar el informe del CGPJ sobre el nombramiento como fiscal general del Estado de la exministra en «Patria Olvidada» María Delgado. Favorece los deseos del Ministro Prados en el informe que ha de emitir el CGPJ.

Hay una comida entre ambos en el restaurante Horcher de Madrid en la que la conversación (quizás no muy lejana a la realidad) les sirve para tejer alianzas.

Aunque Mestres llegó a la presidencia del CGPJ de la mano del Partido Popular, en ese momento vira hacia el Partido Socialista buscando el apoyo del Gobierno para alcanzar el Tribunal Constitucional. ¿Será Mestres traicionado en «Patria Olvidada» por el propio Gobierno o alcanzará sus objetivos? 

Tampoco rehúye usted las descripciones íntimas de relaciones sexuales entre sus protagonistas. En términos taurinos, usted hace lo mismo que El Cordobés en sus mejores tiempos: se pone de rodillas ante el toro y va y le toca el morro con la mano. ¿Le costó esa redacción o le salió sola? 

Bueno aquí tengo que decir que en algunos pasajes se contiene pura ficción, en algunos, no en todos porque otros se pueden aproximar a la realidad.

La novela también pretende romper esa visión que tiene la sociedad sobre la Judicatura y aproximarla a la gente. Los jueces son personas normales, que se enamoran, se desilusionan, les gusta hacer vida social, ir a restaurantes o entregarse a la pasión o disfrutar del sexo como a cualquier otro.

La novela narra todas esas relaciones personales, las heridas que surgen entre magistrados que comparten la misma jurisdicción por sus respectivos pasados sentimentales, las emociones y tensiones entre ellos. Eso pasa en la realidad y creo que es una constante como en cualquier colectivo humano.

La novela desnuda las ambiciones y el capricho de magistradas como Alicia Hierro, la dulzura, sensibilidad y a la vez carácter de la juez de enlace francesa Juliette Chirac, los acercamientos y el orgullo de algunos magistrados.

Sólo tengo que decir que la “Femme fatale”, la hermana de Juliette, la diseñadora francesa Brigitte Chirac, esa mujer hedonista y liberal, con múltiples amantes, y sus aventuras son pura ficción. Crean cierto todo lo demás.

De su libro se desprende que la integridad es un valor que todavía cotiza en sociedad. ¿De verdad que lo cree? 

Defiendo y lo creo firmemente que los jueces y magistrados de este país en su inmensa mayoría son independientes y preservan su vocación con honor y principios. Pero también hay una pequeña minoría que deciden optar por el trepismo y los juegos de poder.

Sí creo que la integridad es un valor que está en la sociedad pero todo un sistema democrático no puede depender de la bondad de sus integrantes.

Con que haya un sólo juez que condicione sus resoluciones o decisiones con un objetivo personal, se está pervirtiendo la justicia. El sistema tiene que ser limpio en sí mismo, no depender exclusivamente de la eventual bondad o principios de quienes formamos la judicatura.

«Dure lo que dure mi carrera judicial o mi vida, quiero que al final de ella pueda ver la misma identidad del chico de 22 años que decidió opositar. No es siquiera valentía porque no tengo miedo a perder nada, ni a las represalias que ya algunos han accionado con resultado estrepitoso para ellos»

También desconfía de un Consejo General del Poder Judicial elegido por los políticos. ¿Por qué?

Es precisamente a lo que me refería. Con este sistema puede haber vocales que resulten nombrados y que después realicen una labor independiente sin someterse al que les ha nombrado. Pero la realidad nos muestra que en muchos casos condicionan sus decisiones y entablan contactos y favores con el político o contacto que les ha apadrinado.

Lo hemos visto con esos cinco vocales a los que me refería anteriormente, algunos de los cuales también han votado en contra de amparar a jueces ante ataques del Gobierno. Curiosamente todos ellos fueron propuestos por el Partido Socialista en la anterior renovación o por Izquierda Unida en el caso de Sáez. Pero lo hemos visto también con el actual presidente del CGPJ y con nombramiento concretos que se han fundamentado en razones de padrinazgo.

El actual sistema es una farsa política, la Unión Europea, GRECO y las asociaciones judiciales han reclamado reiteradamente que los doce vocales judiciales del CGPJ. Sin embargo, el ministro de Justicia y los grupos parlamentarios que sostienen al gobierno de la nación van en dirección contraria.

Quieren nombrar a “sus vocales” para tener una correa de transmisión. No les mueve ningún deseo democrático sino un intento de controlar el CGPJ y una notable ausencia de principios y de honor.

El líder la oposición el señor Casado tiene la opción de mantenerse firme y reclamar elección judicial como única salida u optar por la cobardía y pactar otra farsa de renovación. Comprobaremos su talla política en los próximos tiempos.

Pero ellos argumentan que el Parlamento es la sede de la soberanía popular, ¿y qué mayor legitimidad que ser elegidos por los representantes de esa soberanía? 

Pero es que incluso eso que manifiestan también es mentira. Al margen de que la Unión Europea nos exija que los doce vocales judiciales deben ser elegidos por los jueces y que la elección parlamentaria deba ser reservada a los 8 juristas de reconocida competencia, al margen de que la STC 108/86 también recomendó la elección judicial como la fórmula idónea para garantizar la separación de poderes, es que ni tan siquiera hay elección parlamentaria.

Los candidatos a vocales ni tan siquiera comparecen ante las cámaras para ser examinados por los diputados y senadores. Sólo hay una elección opaca sin transparencia donde los partidos se reparten a sus apadrinados e incluso se atreven a designar al presidente del Supremo cuando no es su competencia. Los candidatos no compiten en igualdad de condiciones. Sólo hay un camino: La elección judicial. 

Su libro trata, en suma, de la corrupción. Del uso espurio del poder bajo falsas apariencias. ¿Es así como lo ve?

Es que la corrupción no es sólo recibir un sobre con dinero en B. La corrupción es maniobrar con nombramientos de altos cargos, condicionar tus decisiones e informes en órganos constitucionales, utilizar tu cargo para tejer cadenas de favores que se vayan retro alimentando para ascender profesionalmente, favorecer el nombramiento de amigos, no motivar de manera suficiente las decisiones discrecionales o arbitrar mecanismos para que la subjetividad y la arbitrariedad reine sobre los criterios objetivos. Todo eso es corrupción que destruye los pilares de nuestro Estado de Derecho.

Dos colectivos –que tampoco son perfectos– aparecen como los contrapesos fundamentales al poder: la justicia y los medios de comunicación. Entiende que, por ello, algunos partidos políticos hayan enfilado a ambos, ¿no?

Sin lugar a dudas. Los periodistas independientes incomodáis. El poder político os quiere sumisos, que os decantéis por una u otra opción ideológica y sirváis de plataformas o altavoces de sus respectivos partidos.

Al igual que en la Judicatura hay periodistas que se prestan a ello, pero también hay otros que honran su profesión. Y aquí me gustaría destacar a este medio a Confilegal, que en unos años se ha erigido como la vanguardia de transparencia en la carrera judicial y ha sacado a la luz determinadas maniobras del CGPJ que se acercan a la arbitrariedad.

La existencia de medios libres e independientes como Confilegal es lo que marca y preserva la temperatura de una democracia. Sin el periodismo libre, ni la labor de denuncia de las asociaciones judiciales o de la plataforma tendría ninguna incidencia y el poder y la arbitrariedad camparían a sus anchas sin control alguno. 

¿Por qué se hizo usted juez?

Por una vocación de servicio público y una idea vital arriesgada, una forma de ver la vida a contracorriente. A mí ni tan siquiera me importa el cargo, el actual. No tengo miedo a perderlo y tampoco ambiciono altos cargos futuros ni incrementar mis recursos económicos. Es por eso la labor de denuncia descarada con nombres y apellidos, no me dan miedo las represalias.

Dure lo que dure mi carrera judicial o mi vida, quiero que al final de ella pueda ver la misma identidad del chico de 22 años que decidió opositar. No es siquiera valentía porque no tengo miedo a perder nada, ni a las represalias que ya algunos han accionado con resultado estrepitoso para ellos.

Tampoco me dan miedo las críticas, sólo quiero ser fiel a esa forma de vida que elegí en lo personal y en lo profesional. Como todos puedo tener errores, pero lo que no resultaría admisible es renunciar a mi identidad para conseguir otros objetivos.

¿Encontró usted la justicia que esperaba en el CGPJ?

En la carrera judicial sí. Personajes de la novela como los magistrados Andrés Montes, Juliette Chirac, Marina Muñoz, la inspectora López, Julia Sánchez representan esa parte esencial de juristas que optan por preservar los principios.

Por ejemplo, la magistrada Rosa Tello, una mujer valiente y rebelde que lo cuestiona todo y enciende la mecha del terremoto que sacará a la luz las conspiraciones de «Patria Olvidada».

Existen de verdad todos ellos y son tal como se les describe en la novela, mis compañeros y amigos a los que admiro y por los que digo merece la pena dar la cara. Y en el CGPJ pues…. Hay algunas luces, pero el devenir de los años ha demostrado que también ha habido muchas sombras. 

Usted forma parte de la Plataforma Cívica por la Independencia Judicial, cuyos postulados quedan reflejados en sus protagonistas principales. ¿Son ustedes como una especie de Transparencia Internacional España en Justicia?

Sí. Y resalto la actividad de personas como Jesús Villegas y de quienes conforman la plataforma que han decidido sacrificar sus carreras profesionales y su proyección por una causa que es justa.

Empleando gran parte de su vida personal en elaborar informes sobre nombramientos, con el único objetivo de mejorar nuestro Estado de Derecho y sin más retribución que la satisfacción de ser fiel a los principios, asumiendo riesgos considerables.

También me gustaría destacar a las asociaciones judiciales y el trabajo incansable que hay detrás de ellas luchando por la independencia judicial. La labor de mis compañeros da motivo a la esperanza 

¿Una mejor justicia es posible?

Sin duda lo creo y confío en ello. Es más, una mejor sociedad es posible. Aquella en la que se entienda por fin el lema de «Patria Olvidada»: “Rebélense, alcen la voz y sean libres, enamórense, arriésguense, sufran y miren sus heridas con orgullo, caigan, piérdanlo todo y vuelvan a levantarse, sientan esa felicidad única patrimonio exclusivo de los valientes, busquen su heroica mano con idealismo imperturbable, vivan y háganlo sin miedo porque hoy, ahora es el último día y esa es la única seguridad que debe llevarlos a amar cada momento de su existencia”.

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